Entrenar con un plan Rubén Lama MVP-90
L4F

Plan de entrenamiento personalizado para futbolistas: qué debe incluir para mejorar de verdad

Muchos futbolistas entrenan con su equipo y, además, van al gimnasio, hacen carreras o añaden ejercicios de salto por su cuenta. Tienen ganas de mejorar y están dispuestos a esforzarse, pero con frecuencia aparece una duda: ¿este trabajo es realmente el que necesito?

Un plan de entrenamiento personalizado para futbolistas no consiste en seleccionar varios ejercicios y colocarlos en un calendario. Debe partir de la situación real del jugador, coordinarse con los entrenamientos y partidos de su equipo, establecer progresiones, corregir la ejecución y adaptarse cuando cambian sus circunstancias.

El caso de Rubén Lama ayuda a entender esta diferencia. Rubén ya entrenaba en el gimnasio antes de comenzar MVP-90, pero no tenía una estructura clara ni una persona que le indicara qué hacer, cómo progresar o cuándo modificar las cargas. Después de sus primeros 90 días, mejoró en los cuatro test físicos realizados y su familia también observó cambios en su disciplina y confianza.

Respuesta rápida: un plan personalizado para futbolistas debe incluir una valoración inicial, objetivos concretos, coordinación con el calendario del equipo, ejercicios y cargas adaptados, correcciones técnicas, seguimiento y evaluaciones periódicas. Si todos reciben la misma rutina, no existe una personalización real.

¿Qué es un plan de entrenamiento personalizado para futbolistas?

Es una planificación física diseñada a partir de las necesidades, el contexto y la respuesta individual de un jugador.

Dos futbolistas pueden tener la misma edad y jugar en la misma posición, pero necesitar trabajos diferentes. Pueden variar su experiencia en el gimnasio, historial de lesiones, nivel de fuerza, movilidad, minutos de competición, calendario, material disponible, descanso o capacidad para asimilar carga.

Por eso, personalizar no significa únicamente escribir el nombre del jugador en una tabla. Significa utilizar toda esa información para decidir:

  • Qué capacidades necesitan más atención.
  • Qué ejercicios son adecuados en este momento.
  • Qué volumen e intensidad puede tolerar el futbolista.
  • Cuándo colocar cada sesión respecto al partido.
  • Cómo progresar las cargas.
  • Qué modificar cuando aparece fatiga, una molestia, un examen o un cambio de calendario.
  • Cómo comprobar si el plan está funcionando.

Rutina de ejercicios y plan personalizado: no son lo mismo

Una rutina general puede ser útil como punto de partida para aprender ejercicios o adquirir el hábito de entrenar. De hecho, en nuestra web puedes consultar una rutina de gimnasio para futbolistas de tres días.

El límite aparece cuando se pretende utilizar el mismo documento durante semanas sin considerar todo lo que sucede alrededor del jugador.

Rutina generalPlan personalizado
Propone ejercicios comunesSelecciona ejercicios según la evaluación y el objetivo
Mantiene una estructura prefijadaSe adapta a entrenamientos, partidos y minutos jugados
No siempre define cómo progresarEstablece criterios para modificar cargas, volumen y dificultad
El jugador se corrige soloExiste revisión técnica y feedback
Suele medir el cumplimientoTambién evalúa la respuesta y los resultados
Cambia cuando termina la rutinaCambia cuando la evolución del jugador lo necesita

La diferencia principal no está en que los ejercicios sean más llamativos. Está en las decisiones que rodean a esos ejercicios.

Los 7 elementos que debe incluir una preparación física personalizada

1. Una valoración inicial del futbolista

Antes de programar es necesario conocer el punto de partida. Como mínimo, conviene recoger información sobre:

  • Edad y grado de maduración.
  • Posición, categoría y nivel competitivo.
  • Días de entrenamiento y partido.
  • Minutos de juego habituales.
  • Experiencia previa con trabajo de fuerza, velocidad o pliometría.
  • Lesiones, molestias y limitaciones relevantes.
  • Material y espacios disponibles.
  • Horarios de estudio, trabajo y descanso.
  • Objetivos y aspectos que el propio futbolista percibe como limitantes.

Cuando corresponde, esta información puede complementarse con test físicos y valoraciones de movimiento. Evaluar no consiste en acumular datos, sino en obtener información que ayude a planificar mejor.

2. Objetivos concretos y medibles

“Quiero mejorar mi físico” es un deseo válido, pero demasiado amplio para orientar una planificación.

El preparador físico debe traducirlo en objetivos más concretos: aumentar la capacidad de producir fuerza, mejorar determinadas manifestaciones del salto, desarrollar la aceleración, tolerar mejor esfuerzos repetidos o reforzar una zona que necesita más atención.

La posición también aporta contexto. Un central puede necesitar responder con eficacia en aceleraciones cortas, contactos, saltos y correcciones defensivas. Sin embargo, la posición no basta para copiar un supuesto “entrenamiento para centrales”. Primero hay que conocer al central concreto que se va a entrenar.

3. Coordinación con los entrenamientos y partidos del equipo

El trabajo complementario debe sumar al fútbol, no competir contra él.

Una sesión exigente puede ser apropiada un día y contraproducente otro. La decisión depende de la proximidad del partido, la carga realizada con el equipo, los minutos acumulados y el tiempo disponible para recuperarse.

Por eso, un plan semanal no debería permanecer intacto si el partido cambia de día, el jugador disputa más minutos de los previstos o el equipo modifica su carga. La planificación debe poder reorganizarse.

4. Ejercicios, cargas y progresiones adaptadas

El mismo ejercicio puede producir estímulos distintos según la carga, el número de repeticiones, la velocidad de ejecución, el descanso y el momento de la temporada.

Un programa individualizado debe indicar no solo qué ejercicio realizar, sino también:

  • Series y repeticiones.
  • Descansos.
  • Carga o criterio para seleccionarla.
  • Intención de ejecución.
  • Aspectos técnicos prioritarios.
  • Condiciones para aumentar o reducir la dificultad.

En futbolistas jóvenes, el trabajo de fuerza puede formar parte de una preparación deportiva completa cuando está bien diseñado y supervisado. Una revisión de la American Academy of Pediatrics sobre entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes destaca precisamente la importancia de una aplicación apropiada. En nuestra web también explicamos con más detalle cómo abordar el entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes futbolistas.

Rubén realizando su plan de entrenamiento personalizado para fútbol

5. Corrección técnica y comunicación

Ver un vídeo de demostración no garantiza que el ejercicio se esté ejecutando correctamente.

En un servicio online, el futbolista puede grabar sus series y enviarlas al entrenador. Así es posible observar la postura, el control del movimiento, el rango utilizado y la intención de ejecución. A partir de ahí se ofrecen indicaciones concretas o se modifica el ejercicio cuando sea necesario.

Esta comunicación también permite conocer sensaciones, resolver dudas y detectar si la carga prevista ya no encaja con la situación de esa semana.

6. Flexibilidad ante partidos, estudios y molestias

La semana perfecta casi nunca existe. Un futbolista puede tener exámenes, viajes, cambios de horario, partidos aplazados, una sesión más intensa con el equipo o una molestia inesperada.

Personalizar significa contemplar esa realidad. No siempre será necesario cancelar el entrenamiento: a veces bastará con reducir el volumen, cambiar el contenido, trasladar la sesión o priorizar la recuperación. En otras ocasiones sí será necesario detener el trabajo y derivar al profesional sanitario adecuado.

Un plan no pierde calidad por cambiar. La pierde si ignora información relevante y se mantiene por inercia.

7. Evaluaciones para comprobar la evolución

Cumplir todas las sesiones no demuestra por sí solo que el programa esté produciendo el efecto buscado.

Hay que volver a evaluar utilizando pruebas comparables y realizadas en condiciones similares. Esto permite saber qué capacidades han mejorado, cuáles se han estancado y qué debe priorizarse en el siguiente bloque.

Los test no explican por sí solos todo el rendimiento de un futbolista, pero aportan referencias objetivas que complementan sus sensaciones y lo observado en el campo.

El caso de Rubén: de entrenar sin estructura a seguir un proceso

Rubén Lama tenía 15 años cuando comenzó su primera fase de MVP-90. Competía en 1.ª Cadete con el C.D. Covadonga y actuaba principalmente como central, aunque también podía jugar como lateral.

Ya acudía al gimnasio y tenía disposición para trabajar. El problema no era la falta de esfuerzo, sino la ausencia de una estructura clara. Necesitaba saber qué hacer, cómo ejecutar cada ejercicio, cómo progresar y cómo coordinar ese trabajo con el fútbol y el resto de sus obligaciones.

Durante el proceso realizó sus sesiones planificadas, envió vídeos para recibir correcciones y pudo adaptar el trabajo cuando cambiaban sus entrenamientos, partidos, exámenes o circunstancias personales.

Resultados de Rubén después de 90 días

PruebaResultado inicialResultado finalEvolución
Squat Jump24,48 cm27,64 cm+12,91 %
Countermovement Jump30,24 cm35,92 cm+18,78 %
Abalakov34,08 cm39,43 cm+15,70 %
Drop Jump1,90 RSI2,11 RSI+11,05 %

Las cuatro pruebas mostraron una evolución superior al 11 %. En conjunto, estos resultados reflejan mejoras en diferentes manifestaciones del salto, la producción de fuerza del tren inferior y la capacidad reactiva.

Resultados de Rubén tras 90 días con un plan de entrenamiento personalizado para futbolistas

No significan que su velocidad, sus duelos o su rendimiento en competición mejoraran exactamente en esos porcentajes, porque esas variables no fueron medidas con estas pruebas. Tampoco garantizan que otro jugador vaya a obtener los mismos resultados. La evolución depende del punto de partida, la edad, el historial de entrenamiento, la constancia, la recuperación y muchas otras variables individuales.

La investigación sí ha observado que programas de fuerza, pliometría o su combinación pueden mejorar cualidades de fuerza, potencia y velocidad en futbolistas jóvenes cuando se programan adecuadamente. Una revisión sistemática de 2024 en jugadores jóvenes de alto nivel analizó estos efectos.

La evolución que no aparece en los test

Rafael, padre de Rubén, no destacó únicamente el cambio físico. Durante la entrevista explicó que también había observado una mayor disciplina en sus entrenamientos, más atención a sus hábitos y una evolución importante en su confianza.

Tener un entrenador que revisa el trabajo, corrige los ejercicios y reconoce los avances puede ayudar al jugador a percibir que está siguiendo un proceso con sentido. En el caso de Rubén, su padre relaciona esa evolución con una mayor seguridad para pedir el balón y asumir responsabilidades dentro del campo.

Esto no permite afirmar que mejorar el salto produzca automáticamente más confianza. La parte mental es más compleja. Lo que muestra su experiencia es que la preparación, el seguimiento y la posibilidad de comprobar los avances pueden cambiar la forma en la que un futbolista afronta su proceso.

¿Puede un plan online ser realmente personalizado?

Sí, siempre que la distancia no se utilice como excusa para entregar una tabla y desaparecer.

La personalización online depende de la información que recibe el entrenador y de lo que hace con ella. Formularios, comunicación directa, vídeos de los ejercicios, registros de carga, calendario competitivo y evaluaciones permiten tomar decisiones aunque futbolista y preparador no se encuentren en el mismo lugar.

Rubén, además, pudo complementar el programa con algunas sesiones presenciales en The L4F PRO Football Academy de Gijón. No obstante, las correcciones y adaptaciones del trabajo semanal también se realizaron a distancia.

Si quieres profundizar en esta cuestión, puedes leer nuestro artículo sobre cómo funciona el entrenamiento online para futbolistas a partir del caso real de Hamed.

Señales de que un futbolista puede necesitar un plan personalizado

Este tipo de preparación puede tener sentido cuando el jugador:

  • Entrena por su cuenta, pero no sabe si está priorizando lo que necesita.
  • Acumula ejercicios sin una progresión clara.
  • No sabe cómo combinar gimnasio, campo, entrenamientos colectivos y partido.
  • Mantiene las mismas cargas aunque su calendario cambie.
  • Tiene dudas frecuentes sobre la técnica de los ejercicios.
  • No evalúa su punto de partida ni su evolución.
  • Necesita una estructura compatible con sus estudios, trabajo o desplazamientos.
  • Quiere mejorar cualidades concretas y está dispuesto a cumplir el proceso y comunicar sus sensaciones.

No es una solución milagrosa. El entrenador puede diseñar, corregir y ajustar, pero el futbolista tiene que entrenar, descansar, comunicarse y mantener la constancia.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días debe entrenar por su cuenta un futbolista?

No existe una cifra válida para todos. Depende de la edad, el nivel, los entrenamientos del equipo, la competición, el objetivo, el historial previo y la capacidad de recuperación. En algunos momentos una o dos sesiones complementarias bien ubicadas pueden ser suficientes; en otros contextos puede ser apropiado un volumen diferente.

¿Es necesario disponer de un gimnasio completo?

No siempre. Un plan puede adaptarse al gimnasio, al campo o al material disponible en casa. Lo importante es conservar el objetivo del estímulo y utilizar variantes que permitan progresar con seguridad.

¿Un futbolista adolescente puede entrenar fuerza?

Sí, siempre que el trabajo esté adaptado a su desarrollo, experiencia y capacidad técnica, y cuente con una supervisión adecuada. No debe copiar sin criterio las cargas o rutinas de un adulto experimentado.

¿El plan debe cambiar todas las semanas?

No necesariamente. Para progresar hace falta mantener cierta continuidad. Lo que debe existir es capacidad de ajuste cuando la respuesta del futbolista, su calendario o sus circunstancias indican que el plan necesita modificarse.

¿Todos pueden conseguir los resultados de Rubén en 90 días?

No. Los porcentajes de Rubén son sus resultados individuales. Sirven para mostrar su evolución, pero no constituyen una promesa aplicable a otros futbolistas.

Entrenar con una dirección clara

Rubén ya entrenaba antes de comenzar. Lo que necesitaba no era añadir ejercicios al azar, sino ordenar el proceso y recibir orientación sobre qué hacer, cómo hacerlo y cuándo modificarlo.

Ese es el valor de un plan de entrenamiento personalizado para futbolistas: convertir el esfuerzo en un proceso que se pueda planificar, supervisar, adaptar y evaluar.

En MVP-90 diseñamos la preparación física de cada jugador teniendo en cuenta su edad, posición, calendario, nivel, objetivos y medios disponibles. Además, revisamos su evolución y ajustamos el trabajo cuando cambian sus circunstancias.

Si tú también entrenas por tu cuenta, pero no sabes si estás haciendo realmente lo que necesitas, puedes conocer el Programa MVP-90 y solicitar que valoremos tu caso.

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