Lo que más ayuda a un chaval a mejorar en el fútbol casi nunca es entrenar más. Es que su semana tenga orden, que duerma y coma bien, y que en casa haya un adulto que acompaña sin añadir presión. Las sesiones extra, la tecnificación o el preparador físico solo suman cuando eso ya está en su sitio.
Esta guía es para padres y madres de futbolistas de 8 a 17 años, chicos y chicas: qué ayuda según la edad, qué hacemos con buena intención y acaba restando, qué señales piden frenar y cuándo tiene sentido buscar ayuda profesional.
Lo primero: qué quiere él o ella
Antes de decidir nada, conviene saber para qué juega. No es lo mismo:
- Disfrutar. Juega porque se lo pasa bien y están sus amigos. Es un motivo completo, no una fase previa a otra cosa.
- Competir. Le importa ganar, mejorar y tener minutos. Acepta esforzarse más porque le compensa.
- «Llegar». Dice que quiere ser futbolista. A veces lo dice él; a veces, sin darnos cuenta, lo decimos nosotros.
Pregúntaselo sin dirigir la respuesta y repite la pregunta cada temporada, porque cambia. Cuánto entrenar, si buscar un preparador o si cambiar de club depende de esa respuesta, no de la tuya.
Sobre lo de ser futbolista profesional
Si buscas cómo ayudar a tu hijo a ser futbolista profesional, lo honesto es empezar por aquí: llegan muy pocos, y no depende solo del trabajo. Influyen la maduración, las lesiones, los entrenadores que le toquen, la suerte y decisiones que nadie en casa controla. Hay chavales que lo hacen todo bien y no llegan.
Lo que sí se controla es el proceso: entrenar con sentido, descansar, cuidarse y seguir disfrutando. Merece la pena llegue donde llegue. Si el objetivo de la familia es «que llegue», cada partido es un examen. Si es «que mejore y lo disfrute», hay margen para los días malos, que los habrá.
Qué ayuda de verdad según la edad

| Edad | Lo que más ayuda | Lo que sobra |
|---|---|---|
| 8–11 años | Jugar mucho, variedad, coordinación, varios deportes y aprender bien los movimientos básicos | Especializarse en una sola cosa, copiar planes de adulto |
| 12–14 años | Movimientos básicos bien hechos, velocidad y agilidad como juego, hábitos de sueño y comida. Cargas, si ya domina la técnica | Cargas sin técnica, sumar sesiones en pleno estirón |
| 15–17 años | Fuerza con cargas progresivas y supervisadas, planificación alrededor del club, prevención de lesiones, empezar a medir | Rutinas copiadas de internet, la misma carga todas las semanas |
Las edades son solo una orientación. Dos chavales de 13 años pueden estar en momentos muy distintos, y lo que decide qué le toca a cada uno no es la edad: es su nivel físico real, cómo se mueve hoy. Lo explicamos más abajo, porque es donde más confusión hay.
De 8 a 11 años: aprender a moverse
A esta edad el mejor entrenamiento se parece poco a un entrenamiento: correr, saltar, trepar, lanzar, caerse y levantarse. Y probar otros deportes, porque todos construyen coordinación que luego aparece con el balón en los pies.
En lo físico, para la mayoría no hay nada que especializar: si juega mucho y se mueve de muchas maneras, ya está haciendo lo que toca. Es también la mejor edad para aprender bien los movimientos básicos, porque lo que se aprende bien ahora no hay que corregirlo después.
De 12 a 14 años: el estirón cambia las reglas
En el entrenamiento de fútbol para niños de 12 a 14 años manda el estirón. Crecen rápido y es normal que durante unos meses parezcan más torpes: controlan peor, se coordinan peor, se frustran. No han empeorado; el cuerpo se está reajustando. Saberlo en casa evita muchas conversaciones injustas.
Es un gran momento para afianzar los movimientos básicos: sentadilla, zancada, empujar, traccionar, saltar y, sobre todo, caer bien. Un aterrizaje estable, con la rodilla alineada, es de lo que más protege en esta etapa. La velocidad y la agilidad se trabajan como juego: persecuciones, reacciones, cambios de dirección, relevos.
La preparación física para un niño de 12 años empieza por ahí: primero la técnica del movimiento. La carga llega cuando esa técnica está dominada, no cuando lo dice el calendario. Y es la edad de fijar dos hábitos que luego cuestan: dormir lo suficiente y comer comida de verdad.
De 15 a 17 años: fuerza, planificación y empezar a medir
En el entrenamiento de fútbol para jóvenes de 14 o 15 años en adelante, la fuerza con cargas progresivas y supervisadas ya debería ser parte normal de la semana, siempre con la técnica asentada. Ya se compite en serio, y ser más fuerte es una de las mejores herramientas de prevención de lesiones en el fútbol.
El trabajo extra se planifica alrededor del club, no encima: una semana con dos partidos no admite lo mismo que una con uno. Lo explicamos en el artículo sobre cómo entrenar durante la temporada.
Y es el momento de empezar a medir: un test de salto al empezar y otro a los tres meses dicen más que cualquier sensación. Medir, planificar, ajustar y volver a medir es la base del programa MVP-90, del que hablamos más abajo.
Cargas externas: manda cómo se mueve, no la edad que tiene
Aquí es donde más se equivoca la gente, en las dos direcciones: quien prohíbe las pesas «hasta los 16» y quien carga a un chaval que todavía no sabe hacer una sentadilla.
La edad no es el criterio. El criterio es el nivel físico real: si domina los patrones básicos de movimiento (sentadilla, bisagra de cadera, zancada, empuje, tracción, saltar y aterrizar), con control y de forma repetida, tiene sentido añadir cargas externas para que siga progresando. Si no los domina, no tiene sentido aunque tenga 17 años.
Eso significa que un jugador de 10 años que lo hace todo bien puede trabajar con carga externa en determinadas programaciones, y que uno de 15 que se mueve mal tiene que volver primero a lo básico. Lo que cambia con la edad es cuánto, con qué y con qué frecuencia; no si se puede.
Para que eso sea seguro y sirva de algo hacen falta tres cosas:
- Valorar antes de cargar. Ver cómo se mueve, no suponerlo por la edad ni por la categoría en la que juega.
- Estructura. La carga entra dentro de una programación, con su progresión y sus semanas de descarga, no como «hoy probamos con más peso».
- Individualización y supervisión. Un profesional delante, que ajusta a su momento de crecimiento, a sus entrenamientos con el club y a cómo responde.
Es exactamente como trabajamos en el programa MVP-90: primero se valora, y la programación de cada futbolista sale de lo que se ve en esa valoración, no de su fecha de nacimiento.
¿La fuerza no frena el crecimiento?
Es la duda que más oímos de las familias. Lo que hoy recomiendan los profesionales del ejercicio y de la salud es lo contrario de lo que se decía hace años: el entrenamiento de fuerza bien supervisado, individualizado y con la técnica por delante de la carga es seguro y recomendable para niños y adolescentes.
Lo que genera problemas no es la fuerza ni las cargas: es la carga mal elegida, la técnica descuidada y la falta de un adulto formado delante. Lo tienes desarrollado en nuestra guía de entrenamiento de fuerza en niños.
Cinco cosas que hacemos con buena intención y que restan
- Entrenar de más. Sumar sesiones sin quitar nada. Club, partido, tecnificación y además salir a correr contigo: no mejora más, llega más cansado a todo. Cada cosa que entra en la semana debería sacar otra.
- Analizar el partido en el coche. Acaba de competir, está cansado y, si ha jugado mal, ya lo sabe. Si quiere hablar, hablará; si no, música y merienda.
- Comparar con compañeros. A estas edades la diferencia suele ser de maduración, no de esfuerzo. La única comparación útil es con él mismo hace unos meses.
- Pagar «tecnificación» sin objetivo. Más horas de lo mismo no son un plan. Antes de apuntarle, pregunta qué va a trabajar, cómo se comprueba si mejora y cómo encaja con el club. Sin respuesta clara, solo compras cansancio.
- Buscar atajos en los suplementos. Lo que un adolescente necesita para rendir está en la comida y en la cama, no en un bote. Antes de comprar nada, lee si un adolescente puede tomar suplementos deportivos y consúltalo con su pediatra.
Lo que sí está en tu mano
- Sueño: horas y regularidad. Un niño o un adolescente que entrena necesita dormir más que un adulto, no menos. Tan importante como el total es acostarse y levantarse a horas parecidas, y dejar las pantallas fuera de la cama. Es lo que más cuesta aplicar y lo que más se nota.
- Comida de verdad antes y después de entrenar. No hace falta nada especial: llegar al entrenamiento habiendo comido y cenar bien después. Tienes ideas en nuestro artículo de desayunos saludables para jugadores de fútbol.
- Logística sin dramas. Llegar a tiempo y con la mochila hecha la noche anterior. Si cada viaje al entrenamiento es una bronca, el fútbol pesa antes de empezar.
- Dejarle aburrirse con un balón. El rato de calle, pared o jardín sin nadie corrigiendo enseña cosas que ningún ejercicio dirigido consigue.
- Tu papel en la grada. Animar al equipo y dejar las instrucciones al entrenador. Si le dices desde la banda qué hacer, recibe dos órdenes a la vez, y una viene de quien más le importa.
- Cambiar la primera pregunta. «¿Te lo has pasado bien?» antes que «¿has marcado?». Lo primero que preguntas le dice qué es lo que te importa.
Señales de alerta que piden frenar
- Dolor que se repite. Sobre todo en talón, rodilla o espalda en plena época de crecimiento. Son zonas que se resienten con la carga mientras el hueso crece. No es para alarmarse ni para un «aguanta»: toca pediatra o fisioterapeuta, y que ellos digan cuánto puede hacer.
- Cansancio que no se va. Si tras un par de días de descanso sigue agotado, la semana le viene grande.
- Bajón de ganas. El que antes iba el primero y ahora busca excusas. Suele ser la señal más clara.
- Las notas y el humor. Peores notas, irritabilidad o dormir mal muchas veces vienen de una carga que no asimila.
Cuando aparecen varias a la vez, la respuesta es quitar cosas, no añadir motivación. Coinciden con lo que describimos en el artículo sobre cómo saber si te estás sobreentrenando. Si el dolor o el desánimo se mantienen, consulta con un profesional sanitario.
Cuándo tiene sentido un preparador físico individual (y cuándo no)
Si estás pensando en un entrenador personal de fútbol para niños o adolescentes, esto es lo que miraríamos.
Tiene sentido cuando:
- Ya entrena con regularidad en un club y lo lleva bien.
- Lo quiere él o ella, no solo tú.
- Hay una carencia física clara o un salto de categoría por delante.
- Vuelve de una lesión y ya tiene el alta de su médico o fisioterapeuta.
No tiene sentido cuando:
- Se plantea como sustituto del juego y de la variedad, o como una forma de «especializarle» cuanto antes. Un plan individual suma cuando se añade a una base de juego y movimiento, no cuando la reemplaza.
- Se busca para compensar la falta de ganas. Ningún preparador arregla eso, y pagarlo suele empeorarlo.
Qué exigir a quien lo lleve: valoración inicial antes de proponer nada, trabajo adaptado a su nivel real y a su momento de crecimiento (no solo a su edad), coordinación con el club y comunicación abierta con la familia. Tienes más criterios en el artículo sobre qué debe incluir un plan de entrenamiento personalizado.
Cómo lo hacemos nosotros con menores
En L4F PRO, cuando el futbolista es menor, la familia participa desde el principio. Antes de empezar hay un formulario, una conversación y una videollamada de alrededor de una hora que no es de venta. Después, la planificación se ajusta cada semana a los entrenamientos del club, los partidos, la fatiga y las molestias, y hay un grupo privado con el futbolista, la familia y los preparadores. Se hacen test al inicio y al final, con un dosier de cada momento.
Como referencia, en los nueve futbolistas de 14 y 15 años que hemos medido al empezar y al terminar su proceso, la mediana del salto con contramovimiento (CMJ) pasó de 24,9 a 29,2 cm; en los cuatro de 10 a 13 años, de 23,0 a 26,0 cm. Son grupos pequeños: orientan, no son baremos. Y son evidencia de que el trabajo planificado funciona, no una previsión de lo que le pasará a tu hijo. El detalle está en la página del programa MVP-90 de preparación física individualizada, online desde cualquier país y presencial en Gijón.
Un caso real. Diego tenía 14 años cuando empezó el MVP-90. Así fue su proceso:
Si vives en Gijón o cerca
Si estáis en Gijón o en el resto de Asturias, podéis conocer el trabajo presencial en la academia L4F de Gijón.
Preguntas frecuentes
Los movimientos básicos puede aprenderlos desde pequeño, como juego y con un adulto formado delante. Las cargas externas no dependen de la edad, sino de cómo se mueve: cuando domina esos movimientos con buena técnica, añadir carga de forma progresiva, estructurada y supervisada tiene sentido, tenga 10 años o 15. Y si no los domina, toca volver a lo básico, tenga la edad que tenga.
Depende de la edad y de cuánto compite, pero dos reglas sirven siempre: al menos un día completo de descanso a la semana, y cada sesión que entra debería sacar otra. Si quiere hacer algo además del club, mejor poco y bien colocado que sumar por sumar.
Solo si hay un objetivo concreto, alguien que compruebe si mejora y hueco real en su semana. Si ya entrena varios días y compite, más horas organizadas rara vez son lo que le falta.
Con 10 o 12 años es muy difícil saberlo, incluso para quien se dedica a ello: la maduración engaña en los dos sentidos. Dice más si aprende rápido, compite con ganas y sigue disfrutando. Si le llega una prueba, os puede servir la guía sobre cómo impresionar en unas pruebas de fútbol.
Escuchar antes de convencer. Averigua si quiere dejar el fútbol o algo concreto: un entrenador, la presión, el cansancio. A veces basta con bajar la carga o cambiar de equipo. Y si de verdad quiere dejarlo, terminar la temporada por sus compañeros y probar otro deporte es una buena salida.
Antes de los 11 o 12 años no lo recomendamos: necesita jugar y moverse, no un plan. A partir de ahí puede funcionar si hay valoración inicial, corrección de la técnica por vídeo, coordinación con el club y un adulto de la familia implicado. Sin esa supervisión en casa, mejor presencial.
Para quedarte con lo importante
Ayudar a tu hijo a mejorar en el fútbol va menos de añadir y más de ordenar: que sepa para qué juega, que haga lo que toca a su edad, que duerma y coma bien, y que al volver del partido alguien le pregunte cómo se lo ha pasado. Con esa base, el trabajo extra suma; sin ella, solo cansa. Si ya la tiene, quiere dar un paso más y necesitáis a alguien que ordene su preparación física alrededor del club, puedes ver cómo trabajamos en el programa MVP-90. Sin prisa: la primera conversación sirve para ver si encaja, no para vender.




